Una nota sobre nosotros mismos, el staff del Daily Bost
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Tras varias semanas de pensarlo, nuestro ego venciónos finalmente y decidimos escribir un artículo completo sobre nosotros mismos. A continuación, nuestras historias personales. Nos importa un bledo si les interesa o no.
Armando Crack
Con Luis recuerdo que comenzamos este diario sin un peso en el bolsillo y lo fuimos armando faso a faso. Digo, paso a paso. Ejem. Ahora seguimos sin un peso en el bolsillo pero al menos nuestro diario es leído por miles de eternautas. Digo, internautas. Ejem. Mentira, bah, en realidad lo lee sólo mi hermano y mi tía. Esa es la razón por la cual ya no me dirigen la palabra. Yo al principio quería ser crítico de cine. Pero el cine fue una gran decepción. Recuerdo cuando se estrenó 21 gramos, que fui corriendo a verla, esperando ver un film acerca de junkies perdidos y nada que ver. Los títulos engañan para que la gente vaya al cine. Además no me dejaron entrar más al Cinemark porque cada vez que iba, en boletería me querían dar un chocolatín por $5 de vuelto: "¿Te doy un rocklets y hacemos 10?", hasta que yo me cansé y le dije que qué le parecía si "¿Yo te doy bomba y hacemos 69?". Ahí nomás me transé a trompadas con el guardia y mientras me arrastraban gritaba cosas como "Viva la revolución del proletariado" y "Imperialistas morfa cucurucho". En fin, mi carrera como crítico terminó temprano y ahí fue cuando me dediqué al periodismo.
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Luis Verso
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Yo tuve una infancia jodida, donde se respiraba mucha injusticia. A mí nunca me daban la pata cuando comíamos pollo; me tocaba la pechuga que era seca como lengua de loro. Cuando jugábamos al truco con mi viejo siempre se carteaba el ancho de copas. En la escuela me escupían, me insultaban y me hacían cortes con trinchetas. Una vez se les fue la mano y terminé internado. En vez de ponerme suero, se equivocó una enfermera y me enchufó anestesia tres horas seguidas. Ahí fue cuando vi la luz al final del túnel como Víctor Sueiro. Volví con la mitad de las neuronas vivas y una tendencia preocupante a consumir estupefacientes. Cuando terminó la secundaria y tuve que decidir qué estudiar, no sabía que hacer. Así que me hice un test vocacional. Me dio para testeador de supositorios, maniquí de vidriera, lustrador de mingitorios y periodista. Si bien fue una difícil elección, opté por periodista. Ahí en la facultad me encontré con Armando, y decidimos sacar adelante un diario diferente. Periodismo estupefaciente. Digo independiente. Ejem. Así fue como nació el Daily Bost.



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